Efe, Pionero de la rebelión

CRÓNICAS DE UBANNA: Efe, Pionero de la rebelión

  


—Stui ¿Qué hay acerca de la señal? ¿Alguna noticia? —preguntó mientras corría por el bosque.

—Bip-bip —contestó afirmativamente el Bot.

Efe abrió sus canales de radio y, efectivamente, localizó la señal proveniente de la torre. Estaba en línea y funcionando en un ochenta por ciento. Su misión, saliera con vida o no, estaba cumplida.

Un profundo suspiro llenó sus pulmones de aire fresco mientras revisaba su informe de daños. Para su sorpresa, Stui estaba dándole los últimos ajustes al implante de su pierna y ya podía moverse con mayor velocidad.

—No hay tiempo que perder, Stui. Continuemos —dijo Efe con impaciencia, justo al tiempo en que una garra pesada lo sujetó del cuello desde su retaguardia.

Intentó huir con todas sus fuerzas, pero sus pies ya no tocaban el piso y pateaban el aire inútilmente. El hacha se le soltó de las manos y no pudo ver a su atacante, pero a juzgar por la distancia que lo separaba del suelo, adivinó que debía sobrepasar los dos metros de altura. Era un barahai, no cabía duda, debían haberlo seguido de mucho más cerca de lo que creía.

Arrojó fuertes y desesperados golpes pero no pudo alcanzar a su captor.

La enorme garra lo asfixió con más fuerza y supo que se desmayaría en instantes.

 —¡Piensa, Efe, piensa! —se dijo intentando calmarse—. ¡Debe haber algún modo de salir de ésta!

Recordó las dos balas de implosión restantes en la recamara del nano-revolver y buscó el arma con desesperación. Sin embargo la escases de oxigeno había entumecido sus miembros y el nano-revolver resbaló de su mano.

En ese momento, Efe supo que moriría.

El tiempo se le hizo lento, espeso, tortuoso. El arma giraba lentamente en el aire y su última oportunidad de sobrevivir se extinguía. En ese efímero y a la vez interminable instante, Efe vio su vida pasar a través de sus ojos. Eso era todo. Su vida se marchaba y su muerte lo recogía. Pronto se transformaría en un recuerdo dentro de la memoria hereditaria de su sucesor.

Durante su vida había renegado de toda creencia espiritual y, en el momento de su muerte, se sorprendió a si mismo preguntándose cuál sería el destino de su alma ¿Terminaría en el Inferno, rodeado de los demonios que tanto odiaba? ¿Deambularía quizás por algún tipo de purgatorio como un alma en pena?

No consideró la posibilidad de un paraíso. Había matado a demasiados. Había hecho demasiados favores a Viden a cambio de un poco más de vida útil. Pero eso último no le importaba. Tampoco estaba dispuesto a una existencia servil bajo el yugo de un ser todopoderoso que los había abandonado a su suerte contra los demonios. Claro que no. Prefería el Inferno.

El nano-revolver, que aún caía lentamente por el aire, desapareció en el colchón de bruma que ocultaba el suelo y, tras él, su propio cuerpo se desplomó.

Pudo ver el enorme y victorioso contorno de su enemigo antes de golpear el piso. Se erguía como un colosal monumento a la batalla, con su musculoso brazo extendido sobre el aire donde lo había ahorcado, inmóvil, casi pétreo, como si la última imagen de su vida hubiese quedado grabada en su retina para siempre.

Efe se preparó para desaparecer en el olvido. Sus implantes dejarían de funcionar rápidamente y su conciencia se disiparía. No podía hacer nada.


 

—¿Esto es la muerte? —se preguntó mientras el parpadeo de una nueva conexión en el rabillo del ojo lo despertaba de su ensimismamiento.

—Aún no —se obligó a creer—. No estoy muerto.

Se esforzó para ponerse de pie. Sus músculos, aún entumecidos, no le respondían y perdió el equilibrio varias veces antes de poder incorporarse por completo.

Observó el cuerpo inmóvil del barahai, aún paralizado en aquella última posición, con los ojos brillantes de furia, de rabia… De miedo.

Efe intuyó lo que había sucedido y volvió su atención hacia la solicitud de conexión que había ignorado momentos atrás. Era una solicitud de dominio.

Volvió nuevamente la mirada hacia su inmóvil adversario y una risa desbocada se le escapó al ver el collar de dominio cerrado sobre su garganta.

—¿Stui? —preguntó con orgullo.

—Bip-bip —afirmó el bot flotando alegremente hacia arriba y abajo.

El pequeño había aprovechado que el barahai se encontraba enfocado en la lucha para deslizarse en el equipo de Efe y tomar el collar de dominio con sus pequeñas pinzas. Luego, lo había depositado en el cuello del barahai en el momento en que Efe comenzaba a perder el conocimiento.

—¡Te debo la vida! —exclamó Efe— ¡No existe un bot que te supere!

El agradecimiento hacia el pequeño cedió ante el odio que crecía en sus entrañas. Recuperó el nano-revolver y el hacha de entre la bruma y, sujetando ésta última con ambas manos, miró los ojos aterrorizados de su enemigo.

Podría haber aceptado la solicitud de dominio y controlar al felino, pero los barahai eran seres de voluntad férrea y no duraría mucho tiempo bajo su mandato. Además, su odio tenía otros planes.

—Es sabido que el demonio al que obedecen los de tu clase aún no tiene cuerpo terrenal —dijo Efe escupiendo las palabras—. ¡Tal vez puedas rendirle tributo personalmente en el Inferno!

La cabeza felina rodó por el aire ante el certero golpe de hacha que la separó de su cuerpo.

Efe contempló al decapitado desplomarse algunos segundos después. El sol casi escondido arrojaba llamas rojizas sobre la escena, haciendo de la roja sangre que regaba el campo de batalla una escena grotesca. Había sido un largo día y aún no terminaba.

Debía seguir su camino. Debía llegar a la ciudad de Trión.

 

(Fragmento de: “Efe, Pionero de la rebelión”. Autor: Andrés Coppola)